Emilio y Jero en 1974
Rosa Peña, directora de cine, y J. Valderrama, hijo de Juanito Valderrama, han escrito un libro biográfico de unos de los grupos más emblemáticos de las últimas tres décadas.

Los Chichos han vendido más de diecisiete millones de copias (sobre todo en cinta de casete) y sólo por eso se merecían este homenaje, para algunos tardío. En tono ameno (se incluyen las letras y la opinión de artistas), Nosotros, Los Chichos (Ediciones B) repasa la historia de los autores de Quiero ser libre.

Desde la primera vez que llegaron a una discográfica y sus responsables pensaron que no triunfarían porque eran “demasiado gitanos”, sus grabaciones y ensayos nocturnos en casa de un colega, su relación con Juan José Moreno Cuenca, El Vaquilla; o cómo regalaron mil radiocasetes a los presos, hasta sus encontronazos con la autoridad, su época de consumo de todo tipo de drogas, sus giras internacionales… Y sobre todo, cómo pasaron de ídolos a lolailos hasta que unos chavales volvieron a acordarse de el del medio de Los Chichos.

Esos cuellos de camisa, esos botines, esos "pelucos" y cadenas de oro...Así eran en los 80, cuando Jero, el del medio de Los Chichos estaba.
LOS CHICHOS 1982
EN 1982 SIGUEN DE TIRADAS DE PROMOCIÓN

Hoy, Estopa son los que arrasan con una fórmula similar al del grupo del Pozo del Tío Raimundo: base de rumbas y un poco más de rock, poemas urbanos, historias callejeras y un toque de canción protesta.

Y es que salvo en lo que menos importa, calés frente a payos, hay muchas coincidencias.

Los Chichos son familia y se criaron en el extrarradio de una gran ciudad. Estopa, también. Los dos tardaron tiempo en ser reconocidos. Para el trío, el boca a boca y los expositores de los bares de carretera fueron fundamentales. Para el dúo de Cornellá, la insistencia en que oyeran su maqueta fue clave.

Su público no tiene etiquetas. “Bueno, bueno. Nosotros gustábamos a payos y gitanos por igual. Estopa a mi gente no le gusta tanto” . Las palabras de Julio González se las hace tragar su mujer

—¡cómo iba a perderse ella este encuentro!— y algún chaval de la comitiva chichera:

“Pues a mí me encantan y me sé sus canciones” . Júnior, el tercer chicho, hijo de Emilio y que se incorporó tras el suicidio de Jero en 1995, lo tiene claro:

“No se puede negar, han inventado un palo nuevo, un estilo con sello personal aunque se hayan fijado en nosotros” .

Hablando de parecidos, David pregunta a Los Chichos si tuvieron problemas con la censura, ya que Estopa ha visto cómo su último anuncio promocional ha sido vetado en las televisiones.

En el spot, un niño pinta con un spray una y delante de la palabra stop de una señal de tráfico y una a detrás hasta conformar Estopa.

Un anciano le recrimina y el niño salta diciendo:

“Pero ¿la calle es tuya?” , título de su último trabajo. Apología del destrozo de material urbano ha sido la acusación.

“Nosotros tuvimos el caso de ‘La cachimba’ , una canción que hablaba de ponerse fino con lo que se echa en la cachimba” .

Tuvieron que cambiarle el nombre porque decían que era apología de las drogas. “Por esa regla de tres tendrían que retirar de circulación todas las películas de Zambo’ y muchas otras por apología de la violencia”, comenta José, el pequeño de los Estopa. 

Otra pose mas

Esos cuellos de camisa, esos botines, esos `pelucos’ y cadenas de oro… Así eran en los 80, cuando Jero, el del medio, estaba…

 

No nos engañemos, diferencias las hay, y muchas. “¿Tú sabes lo que era estar siete u ocho horas en un coche para llegar a Córdoba o Sevilla? ¿Tú sabes lo que era Despeñaperros?: se tardaba más de una hora en atravesar el puerto.

Allí íbamos los tres, en el 124 pa’ rriba y pa’ bajo. Para tocar en Galicia tenías que desplazarte un día antes. Hoy, te coges el AVE y en dos horitas, o si no el avión, o sí no el pedazo Mercedes” , explica Emilio González, el otro hermano chicho.

Júnior acaba hablando de los apartamentos Guttemberg, en las Ramblas barcelonesas. Ellos podían tener hoteles de cinco estrellas, pero preferían alojarse en esos apartamentos, “donde no nos faltaba de ‘tia’ . Pasaba gente de todo pelaje y a nosotros nos trataban como a reyes, que si el cocidito, que si tal, que si cual —cuenta Emilio sin detalles, porque el desparrame debía de ser fino—. Allí perdí yo mi pañuelo” , concluye Júnior.

La virginidad, dichoso pañuelo. “Está claro —explica David Estopa—que hoy es todo más cómodo y el marketing ha cambiado. En nuestro caso, el tirón se hace aprovechando nuestra imagen real, sin adornos. A la gente le gustan las canciones y le da igual nuestra apariencia. De hecho, yo consumo ‘moda lopri’ , lo primero que cojo del armario” .

Entre cafelito y cafelito la cosa se calienta. Julio habla de que van a hacer un disco donde cantantes conocidos interpretarán temas de Los Chichos y les pide a los Estopa que elijan una. David se lanza a cantar y palmea con calma. “A mí me gustaría ‘La historia de Juan Castillo’ . ¿Ése no era su nombre de verdad?” , pregunta José Manuel. “No, era un sargento de la policía de Villaverde, pero tuvimos que cambiar el nombre” . Y es que en esa historia había muertos, choros, chivatos y un policía muy conocido en esa época.

La conversación se desfasa. “En México me preguntaron qué significaba lo de ‘el del medio de Los Chichos’ , y dije en tono mexicano: «Pues manito, es como el del medio de Los Panchos»” , cuenta David. Y al final, una promesa: “Antes de que tengamos que llevar bastón, Los Chichos y los Estopa tocarán juntos en Las Ventas” .